Weyes Blood - Y en la oscuridad, los corazones resplandecen
LABEL: Sub PopHola, oyente,
Bueno, ¡aquí estamos! Aún haciendo que todo siga adelante en nuestro propio y plenamente funcional desastre. Mi corazón, como una barrita luminosa que se ha quebrado, ilumina mi pecho con una pequeña explosión de sinceridad. Y cuando el corazón arde, el humo se te mete en los ojos.
Titanic Rising fue el primer álbum de tres de una trilogía especial. Fue una observación de lo que estaba por venir, de la sensación de una catástrofe inminente. Y en la oscuridad, Hearts Aglow trata de entrar en la siguiente fase, aquella en la que hoy nos encontramos todos: estamos, literalmente, metidos de lleno en ello. Tanteando en la oscuridad en busca de sentido en un tiempo de inestabilidad y cambio irrevocable. Buscando rescoldos donde antes había fuego. Buscando liberarnos de los algoritmos y de un destino de bucles repetitivos. La información abunda y, sin embargo, su uso y su capacidad de provocar acciones tangibles son tan abstractos. Nuestros medios de comunicación están llenos de salvedades. Nuestro dolor, una broma irónica nacida de un panóptico atascado que nosotros mismos hemos construido, arremolinándose hasta el infinito.
Me hacía muchas preguntas mientras escribía estas canciones, y el aislamiento extremo no dejaba de aparecer. “It’s Not Just Me, It’s Everybody” es un himno budista, arropado en la interconexión de todos los seres, y en el deshilachamiento de nuestro tejido social. Nuestra cultura depende cada vez menos de las personas. Esto engendra un nuevo nivel de aislamiento, sin precedentes. La promesa de que podemos comprar la salida de ese vacío ofrece poco consuelo frente al miedo con el que ahora vivimos todos: el miedo a volvernos inútiles. Algo no encaja y, aunque la sensación se manifieste de manera distinta en cada persona, es universal.
La tecnología está cosechando nuestra atención, apartándola de los demás. Todos tenemos una “Grapevine” enredada alrededor de nuestro pasado, con heridas y dolor sin resolver. Estar enamorado no significa necesariamente estar juntos. Si no, ¿por qué tantas canciones de amor anhelan una conexión?
¿Podría ser narcisismo? Nos animamos unos a otros a aspirar, a buscar fuera para acallar nuestros deseos, pensando que metas de bienestar y dicha aliviarán la ansiedad de fondo de vivir en un tiempo como el nuestro. Creemos que la respuesta está fuera de nosotros, a través de la tecnología, de fronteras imaginarias que, por arte de magia, nos absolverán de todos nuestros problemas. Buscamos un bálsamo en todas partes menos dentro de nosotros. En “God Turn Me into a Flower”, relato el mito de Narciso, cuya obsesión con un reflejo en un estanque lo lleva a pasar hambre y a perder toda percepción fuera de su enamoramiento. En un estado de gran soberbia, no reconoce que aquello que deseaba con tanta pasión era, al final, solo él mismo. Dios lo convierte en una flor flexible que se mece con el universo.
La suavidad flexible de una flor se ha convertido en mi lema mientras avanzamos a toda prisa hacia un destino incierto. Veo el corazón como una guía, con una emanación de esperanza que brilla en esta edad oscura. En algún punto del camino, perdimos el hilo de quiénes somos. El caos es natural. Pero también lo es la negentropía, o la tendencia de las cosas a ordenarse. Puede que estas canciones no sean manifiestos ni soluciones, pero sé que arrojan luz sobre el sentido de nuestro desencanto contemporáneo. Y quizá ese sea el comienzo del viaje matizado hacia la comprensión, una vez más, de los ciclos naturales de la vida y la muerte.